L'altre blog de l'Arare

jueves, diciembre 28, 2006

LEÓN - VILLADANGOS DEL PÁRAMO

7-10-01
León-Villadangos del Páramo
(21 km)

Etapa de mucha reflexión, de "viaje hacia adentro", de filosofía barata y de retorno al pasado.
Nada más levantarme me digo: el paisaje desde El Burgo Ranero hasta Reliegos me conmovió, como casi todo lo que llevo caminado hasta ahora. El paisaje que recorrimos ayer desde Mansilla de las Mulas hasta León no me llegó al alma ni a ningún sitio... me voy haciendo esta reflexión mientras me visto, me lavo la cara -siempre con agua fría, o no me despierto- y después del desayuno quedo conmigo misma en que tampoco estuvo tan mal.

Es evidente que el camino no es todo él una preciosidad, como la vida misma no es toda ella una maravilla. Entre maravilla y maravilla hay mucho pedregal y el camino a veces no sólo es duro, sino también feo. Pero la verdad es que con el estómago lleno de café con leche y galletas, es mucho menos duro y mucho menos feo!!!

Salimos de León y pillamos al sol levantándose de la cama. Estamos caminando por un barrio que empieza a despuntar, con muchas casas de nueva construción y mi pensamiento vuela y vuela, recorriendo los años de mi infancia, cuando mi ciudad crecía y crecía, cuando aquellos campos por los que yo corría se iban llenando de casas - algunas de ellas llamadas "casas baratas"- para aquellos inmigrantes que llegaban del sur, porque se necesitaba mano de obra.

Mi pensamiento ya se confunde con la actualidad y pasa de aquellos inmigrantes de los años 60 a los actuales inmigrantes de los países del Este, o los negros que trabajan en los campos, haciendo aquellos trabajos que la gente de aquí desprecia... mi cabeza bulle y de pronto JSalvador me saca de mi ensimismamiento pidiéndome que "pose". Quiere atrapar mi cara de ensoñación junto a la alegría primeriza de ese sol que ya se ha lavado la cara...

Muy pronto llegamos a la Virgen del Camino. Yo esperaba una especie de Santuari de Ntra. Sra. del Vilar y me llevo la tremenda sorpresa de una iglesia de un dudoso estilo que me recuerda mucho más a la Parroquia de San Sebastián - otra vez vuelvo a mi infancia, esta vez a mi adolescencia- parroquia adonde había ido a cantar el "No serem moguts" o "Vull ser lliure", vestida con trapos de colores, melena al viento y la cabeza llena de flores... al mismo tiempo que repartía octavillas que anunciaban reuniones clandestinas, donde el párroco era el más comunista de todos...

Debo reconocer que esta etapa me va llevando a mi mundo interior casi sin darme cuenta. Nos paramos a desayunar por segunda vez, pues no se pueden aguantar tantos km con sólo 4 galletas y un café con leche. En el bar me siento "la reina del mambo", mis pies parece que vuelan... Pero aún quedan horas de caminar entre páramos cargados de gramíneas por todas partes menos por una llamada cielo, ay!

Empezamos a caminar de nuevo y cuando nos quedan sólo 8 km para llegar a Villadangos los pies ya no vuelan, más bien los voy arrastrando detrás de mí. Vuelven los pensamientos negativos, vuelvo a intentar apartarlos de mi mente sin acabar de conseguirlo del todo. Vuelvo a sentirme vulnerable, vuelvo a temer al ridículo ante mí misma (no soy ya la reina del mambo) ante JSalvador (¿le estropearé por tercera vez el camino?)... casi en el último km alcanzamos a una pareja a la que habíamos conocido en el refugio de León: José Antonio y Gaby.

José Antonio lleva un paso mucho más rápido, así que se nos adelanta. Quedamos caminando JSalvador, Gaby y yo. Esta mujer es una dulzura y me cuenta un montón de cosas. Hay feeling. Estupendo. Me transmite algo de energía y sé que llegaré al refugio de Villadangos un poco más animada.

Caigo en la cuenta de que JSalvador tiene los pies hinchados, lleva, como dije, mucho más peso que yo y no se queja. Sigue y sigue caminando, con los ojos llenos de paisaje y el alma llena de recuerdos. Entre Gaby y JSalvador me siento pequeñita, pequeñita, muy poca cosa. Me entra la llorera pero afortunadamente, aguanto hasta el final.

El refugio, como siempre, será "nuestra casa" por unas horas. No es nada acogedor, pero hay agua caliente, estamos solos en una habitación de 6 literas, nos hemos "apropiado" de un par de mantas... en fin, que después de una buena ducha, unos masajes en los pies (que nos hacemos el uno al otro) y bien abrigados, me siento ya mucho más reconfortada. Ahora hay que pensar en ir a comer.
El refugio, como dije, es poco acogedor, aunque es relativamente nuevo. No hay hospitalera. Hoy es la Virgen del Rosario (la Mare de Déu del Roser), la hospitalera se llama Rosario, celebra su santo, además es domingo, deja el refugio abierto y se larga... es normal. Pero a veces la normalidad hace que los peregrinos se sientan solos.

Una de las mejores cosas que suceden en el camino es llegar a un albergue y que el hospitalero o la hospitalera te acoja con una sonrisa. De verdad. Aunque solo sea una sonrisa. Que te pida la credencial, que te apunte en esas libretas escolares tan guays donde quedan registrados todos los que van pasando, que te pregunte de donde eres y que tenga unas palabras amables contigo. Esa es una de las cosas que "quedan" en el recuerdo.

Así, por ejemplo, después de haber pasado por tantos pueblos y tan distintos, en mi memoria quedan nombres como Santiago Zubiri, alcalde de Larrasoaña, Pablo, hospitalero de Nájera, Margarita, hospitalera de Carrión de los Condes, las niñas de Belorado, cuyos nombres no recuerdo pero sí sus caras, María, la brasileña hospitalera de Burgos, la misma Raquél, de León... etc.

Pero en fin, se le puede perdonar a la buena señora Rosario - a la que no vimos nunca- que la pobre pasara el día de su santo en su casa, en compañía de los suyos.

Hoy es - sería- también el santo de Roser. Una espinita clavada, un recuerdo, una lágrima que se escapa, un pensamiento que me sobrecoge "ya no tengo que volver a pensar en qué le regalo"... ya no oiré más su voz agradeciendo -a veces exageradamente- cualquier cosita que le regaláramos, desde una orquídea, a un libro, pasando por un CD de ópera o una buena colonia... "nunca más, nunca más"... "nunca más" y "siempre" no son palabras, son conceptos que anidan en el corazón...

En el refugio nos encontramos con una pareja francesa a la que habíamos visto en León. Concretamente, yo los vi en la iglesia, en la bendición de peregrinos. Él estaba buenísimo- las cosas como son y al César lo que es del César- ella tenía una cara de francesa que no se podía aguantar, pero no era guapa. Ya, ya sé que ser francesa no es sinónimo de ser guapa. Pues eso, exactamente eso. Pre-jubilados. ¡Qué suerte!

Ella se pega una siesta de horas, con lo cual, Jorge (Él) se queda con Gaby y conmigo. Jorge escribe postales, Gaby lee lo que dejan escrito algunos peregrinos en un cuaderno que hay para ello en cada albergue, yo escribo mis pensamientos y mientras, José Antonio le explica a JSalvador su experiencia del pasado verano.

Acabamos, como era de esperar, hablando todos juntos y, como siempre, arreglando los distintos mundos... e interiorizando . Siempre se acaba interiorizando y ahí está la riqueza...

José Antonio, el pasado verano, peregrinó desde Vitoria hasta Roma. Y lo hizo por una causa. Suya. Que nadie más conocía. Que interiorizó. Le preguntamos por la causa: por la paz en Euskadi, nos dice. Por la paz en el mundo, lo haría de nuevo.
Se me escapa otra lágrima - una furtiva lágrima- canta Pavarotti. Es lo que pienso en el momento en que lo cuenta. Y paso de Pavarotti a la famosa aria que interpreta la Callas en "Filadelfia"... "la mamma morta". Y tengo que volver a aguantar mis sentimientos porque los sentimientos, según mandan los cánones sociales, deben guardarse en el interior de uno. No está bien visto que exterioricemos pasiones ni sentimientos. No queda bien.

Gaby-Gabriela se abre conmigo, cuando ya por fin, conseguimos hablar solas las dos. Hemos decidido ir a cenar todos juntos, aunque los franceses se quedan algo apartados. En la tele se ven las primeras imágenes de la guerra. Demasiado para mí, hoy. Llueve. Gabriela y yo nos miramos, JSalvador y José Antonio siguen hablando, esta vez, de navegación.

Gabriela tiene ganas de hablarme. La escucho. Siente curiosidad por nosotros y yo por ellos. Es una mujer de 55 años que aparenta diez menos. Pequeñita, poquita cosa, pero un encanto. Vive con su hijo. José Antonio es su pareja, pero cada cual vive en su casa. Estilo Woody Allen, me río yo. Alucina ella cuando le cuento nuestra historia. -Interesante, muy interesante- me dice. Yo me río. El camino está lleno de personas interesantes. El mundo está lleno de personas interesantes... el mundo está lleno de vida... y lleno de muerte.

Salimos del bar cogidas por la cintura y riéndonos como locas. Hemos conectado. Mañana será otro día, hoy toca volver al refugio sin hospitalera e intentar dormirse aun sabiendo que en alguna parte de nuestro mundo alguien no podrá dormir porque las bombas estallarán muy cerca de su cama...

07 d’octubre de 2001

León – Villadangos del Páramo.

Vint- i – un quilòmetres. Etapa de molta reflexió. Viatge cap endins, de filosofia barata i de retorn al passat.

Només llevar-me em dic: el paisatge de El Burgo Ranero fins a Reliegos em va commoure, com quasi tot el que porto caminat fins ara. El paisatge que vam recórrer ahir des de Mansilla de las Mulas fins a León no em va arribar a l’ànima ni a cap lloc. Mentre em vesteixo em vaig fent aquesta reflexió. Em rento la cara – sempre amb aigua freda, o no sóc capaç de despertar-me – i després de l’esmorzar – amb la panxa plena, doncs- quedo amb mi mateixa que tampoc no va estar tan malament. Potser gràcies a l’esmorzar? Ja ho diuen, que las penas con pan son menos.

És evident que el camí no és tot ell una preciositat, com la vida mateixa, que no és tota ella una meravella. Entre meravella i meravella hi ha molt de pedregar i el camí, de vegades, no és solament molt dur, sinó també molt lleig. Però la veritat és que amb l’estómac ple de cafè amb llet i galetes, tot es fa molt menys dur i molt menys lleig.

Sortim de León i atrapem el sol llevant-se del llit. Estem caminant per un barri que comença a despuntar, amb moltes cases de nova construcció i el meu pensament vola i vola, recorrent aquells anys de la meva infància, quan la meva ciutat creixia i creixia, quan aquells camps pels quals jo corria s’anaven omplint de cases – algunes d’elles anomenades cases barates – per aquells immigrants que arribaven del sud perquè es necessitava mà d’obra. El meu pensament ja es confon amb l’actualitat i passa d’aquells immigrants dels anys seixanta als actuals immigrants dels països de l’Est o als negres que treballen als camps, fent aquells treballs que ningú no vol fer... el meu cap bull i de sobte en Joan Salvador em treu del meu capteniment demanant-me que em posi en un lloc determinat per atrapar la meva cara de somiar desperta en una foto que perpetuï l’alegria primerenca d’aquest sol que tot just s’acaba de rentar la cara.

Molt aviat arribem a la Virgen del Camino. Jo m’esperava una espècie de santuari de Nostra Sra. del Vilar i m’emporto la sorpresa de trobar-me amb una església d’un dubtós estil que em recorda molt més la Parròquia de Sant Sebastià – altra vegada torno a la meva infància o més ben dit, aquest cop, a l’adolescència – parròquia on havia anat a cantar el No serem moguts o Vull ser lliure vestida amb draps de colors, cabells al vent i el cap ple de simbòliques flors, al mateix temps que repartia octavetes que anunciaven reunions clandestines, on el rector era el més comunista de tots.

He de reconèixer que aquesta etapa em va portant al meu món interior quasi sense adonar-me’n. Ens parem a esmorzar per segona vegada, doncs no es poden aguantar tants quilòmetres amb només quatre galetes i un cafè amb llet. Allà al bar em sento “la reina del mambo”, els meus peus sembla que volen, però encara queden hores de camí entre erms carregats de gramínies per tot arreu excepte pel cel, ai!

Tornen els pensaments negatius. Torno a intentar apartar-los del meu cap sense aconseguir-ho del tot. Torno a sentir-me vulnerable, torno a tenir por al ridícul davant de mi mateixa (no sóc la reina del mambo) davant d’en Joan Salvador (li tornaré a espatllar el camí?) gairebé en el darrer quilòmetre atrapem una parella que havíem conegut al refugi de León: José Antonio i Gaby. José Antonio porta un pas molt més ràpid, així que se’ns avança. Acabem caminant de costat en Joan Salvador, la Gaby i jo. Aquesta dona és tota dolçor, m’explica una pila de coses, hi ha feeling. Perfecte. Em transmet energia i sé que arribaré al refugi de Villadangos una mica més animada. Llavors m’adono que en Joan Salvador té els peus molt inflats. Porta, com ja vaig comentar, molt més pes que jo, però no es queixa. Continua i continua caminant, amb els ulls plens de paisatge i l’ànima plena de records. Entre la Gaby i en Joan Salvador em sento petita, petita, molt poca cosa. Em venen ganes de plorar però, afortunadament, arribo fins al final.

El refugi, com sempre, serà la nostra llar per unes quantes hores. No el trobem gens acollidor, però hi ha aigua calenta i a més estem sols en una habitació de sis lliteres. Ens quedem amb totes les flassades. Després d’una bona dutxa i uns massatges als peus que ens fem l’un a l’altre i ben abrigats, em sento molt més reconfortada. Ara hem de pensar en anar a dinar.
Aquest dia acabarà sent llarg i ple d’experiències compartides amb altres pelegrins. Avui és la Mare de Déu del Roser. L’hospitalera es diu Rosario, celebra, per tant, avui, el seu Sant. A més, avui és diumenge. La dona obre el refugi i marxa. És normal. Però de vegades la normalitat fa que els pelegrins es sentin sols.

Una de les millors coses que succeeixen al camí és arribar a un alberg i que l’hospitaler o l’hospitalera t’aculli amb un somriure. De veritat. Encara que només sigui un somriure. Que et demani la credencial, que t’apunti en aquestes llibretes escolars tan maques on queden enregistrats a mà tots els pelegrins que van passant. Que et pregunti d’on ets i que tingui unes paraules amables amb tu. Aquesta és una d’aquelles coses que romanen a la memòria. Així, per exemple, després d’haver passat per tants pobles i tan diferents, a la meva memòria queden noms com Santiago Zubiri, batlle de Larrasoaña, Pablo, l’hospitaler de Nájera, Margarita, l’hospitalera de Carrión de los Condes, les noietes de Belorado, els noms de les quals no recordo però si les seves cares, Maria, la brasilera hospitalera de Burgos, Raquel, de León... i tants d’altres. De tot cor perdonem a la senyora Rosario que aquell dia no hi sigui perquè sabem que passarà el seu dia amb els seus i hi té tot el dret.
Avui és – seria- el Sant de la Roser, la mare d’en Joan Salvador. Una espina clavada, un record, una llàgrima que se’ns escapa a tots dos quan hi pensem, un pensament que ens estamordeix “ja no he de pensar mai més què li regalo” ja no sentiré mai més la seva veu –de vegades certament exagerada quan agraeix el regal – en veure qualsevol cosa: una orquídia, un disc d’òpera, un llibre o una bona colònia... mai més, mai més... Mai més i sempre són conceptes que nien al cor.

Al refugi ens trobem amb una parella francesa a la qual havíem vist a León. Concretament, jo els vaig veure a l’església, el dia de la benedicció de pelegrins i el multi – sermó de les monges. A ell el vaig trobar molt guapo i a ella que tenia cara de francesa. Són una parella de pre – jubilats que en aquell moment ens fan molta enveja. Ella se’n va a dormir i ell, que es diu Jorge, es queda amb la Gaby i amb mi. Jorge es posa a escriure postals, la Gaby llegeix el que escriuen els qui volen escriure els seus pensaments a una d’aquelles llibretes escolars que deia, jo escric les meves pròpies reflexions i en Joan Salvador escolta atentament en José Antonio, que li explica la seva experiència de l’estiu anterior. Com era d’esperar, acabem xerrant tots junts i com sempre, arreglem els diferents móns i sobre tot, acabem interioritzant . Aquí hi ha gran part de la riquesa del camí... en la interiorització de conceptes i no precisament conceptes religiosos.

José Antonio ens explica que l’any anterior va fer la peregrinació des de Vitòria, que és allà on viu, fins a Roma. Ho va fer per una causa que ningú més no coneixia en el moment en què ho va decidir: per la pau a Euskadi. Per la pau al món – ens diu- ho tornaria a fer.

Se m’escapa una altra llàgrima, mentre l’escolto, i penso Una furtiva lacrima. I el meu cap se’n va a Pavarotti. I de Pavarotti a Maria Callas i de Maria Callas a l’aria que fan servir a la pel·lícula Philadelphia: La mamma morta... (Roser!)I m’he de tornar a aguantar els sentiments, perquè els sentiments, segons manen els cànons socials, s’han d’aguantar. No està ben vist que exterioritzem passions ni sentiments. No queda bé. La Gaby s’obre del tot i m’explica la seva vida, quan, finalment, aconseguim parlar totes dues a soles. Hem decidit anar a sopar tots junts, encara que els francesos han quedat apartats i no seuen amb nosaltres.
A la televisió es veuen les primeres imatges de la guerra. Això és massa per mi, avui. La Gaby i jo ens mirem, Joan Salvador i José Antonio continuen parlant, aquest cop de navegació. La Gaby sent curiositat per nosaltres i jo per ells. Ens escoltem mútuament. Ella té cinquanta-cinc anys i n’aparenta deu menys. És petita i poca cosa, encantadora. Totes dues quedem captivades amb les respectives històries. I constato que el món està ple de persones interessants. El món està ple de vida... i ple de mort.
Sortim del bar agafades per la cintura i rient com boges. Hem connectat. Demà serà un altre dia, avui toca tornar al refugi sense hospitalera i intentar dormir, fins i tot sabent que en algun lloc del nostre món algú no podrà dormir perquè les bombes esclataran molt a prop del seu llit...

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