L'altre blog de l'Arare

martes, diciembre 19, 2006

PALAS DE REY-ARZÚA

19-04-03
Palas de Rey - Arzúa (28 km)

Toda esta etapa la hemos hecho bajo la lluvia. Ya me voy acostumbrando. En un momento dado mi mente retrocede a la primera etapa, en Roncesvalles. La noche anterior había llovido y cuando empecé a caminar en dirección a Larrasoaña pensé que esto no iba a ser lo mío. El camino lleno de barro que se pegaba a las botas, la lluvia que nos acompañó durante los 5 últmos km, las piedras que se me clavaban, mi malhumor creciente... ahí me di cuenta de lo poco sufrida que era para cosas materiales. Fue entonces cuando empecé a pensar en todas las cosas que me había deparado el destino, fue en ese momento que empecé a hacer un paralelismo con mi vida, cuando me di cuenta de que pisar barro, clavarse las piedras, mojarse, andar con el peso encima, todo ello, me estaba indicando que yo era un ser vivo, capaz de notar las sensaciones, agradables y desagradables... fue entonces cuando aquél camino empezó a adquirir un tono distinto y fue entonces cuando decidí que quería llegar al final, no por motivos religiosos, pero quizá sí por algún motivo que escapaba a mi percepción y que jamás he tenido claro. Abrí los ojos para que penetrara en mí toda la belleza del paisaje y decidí que valía la pena continuar. También fue entonces cuando decidí abrirme un poco a los demás caminantes a quienes había mirado medio enfurruñada, y cuando empecé a abrir mi mente a meditar en las etapas en las que, por lo que fuera, caminaba sola con mis pensamientos.

Pero volvamos a la etapa de "hoy". Quien más quien menos va arrastrando su propia cruz-pies. A mi empezaron a salirme los puntitos que ya conozco, puntitos indiagnosticables por cualquier tipo de médico (incluso me los vio en su día many - oftalmólogo ) pero creo que todavía nadie sabe qué complicado mecanismo se pone en marcha en mi organismo cada vez que salgo a caminar por varios días seguidos... ¿será psicosomático?....pero de momento todavía aguanto bien. Además, sé que esta vez quiero llegar a Santiago. Sé que le he fastidiado el camino al capi varias veces, por culpa de mis pies y tengo claro que esta vez llego a Santiago, aunque sea a rastras. Beni está como un cascabel. Camina ligera y sin problemas. En mi fuero interno la envidio. Se lo digo y se ríe, no me cree. Mi envidia es sanísima, pero es. El capi, lo mismo. Parece que llevan alas en los pies. Albanel no dice nada, pero cojea. Beni se lo hace notar un par de veces, hasta que nos confiesa que las ampollas de sus pies le están martirizando. En Palas de Rey, la tarde anterior, estuvimos observando sus ampollas e intentando curárselas. Bueno... "estuvieron". Yo los miraba con curiosidad de quirófano. Pero finalmente Albanel decide que en Melide, a 15 km del final de hoy, continuará en taxi, porque es evidente que no va a llegar a Santiago si sigue así.

El camino es precioso. Cruzamos un puente medieval "ponte velho", por suerte para mí, que ya no llevo la "mística" del principio, más que nada porque ya estoy hartándome de la lluvia. El puente me ayudará. Charlamos, miro el paisaje, intento desviar los pensamientos negativos, pero como digo, aquella mística que me invadió favorablemente en Larrasoaña ha desaparecido, siendo reemplazada por otra, radicalmente distinta. De nuevo vuelvo a hacer mi comparación con el hilo de la vida. La infancia suele ser feliz. Una cree que lo mejor del mundo está en sus manos. Crees que los padres que te han tocados son los mejores del mundo, que la familia entera, los amigos, todo lo que te rodea es maravilloso hasta que un buen día abres los ojos y te das cuenta de que no es así. Por fortuna, siempre queda el vínculo amoroso. El amor filial, el amor paterno, el amor materno, el amor a la propia familia, que te hace seguir junto a algo que no quieres destruir porque al fin y al cabo lo has ido construyendo junto a estas personas que han sido tus compañeras de viaje hasta tu descubrimiento. Descubres que no todo es como te habías imaginado, pero decides, finalmente, continuar caminando... y continuar amando.

Es en el ponte velho, justamente, donde me planto y decido, por segunda vez desde Larrasoaña, que cualquier clase de eventualidad, sea agradable o desagradable, será bienvenida y que voy a continuar mientras pueda. Reconozco que el peso de mi mochila no ha aumentado, que me están ayudando a llevar la carga, pero aunque no ha aumentado, digamos que ha cambiado. Digamos que un tipo de peso ha sido sustituído por otro tipo de peso. Pero siempre hay un peso al que hacer referencia, siempre hay una carga que habría que eliminar. Lo malo es que a nivel consciente, esa carga puede ser tan dulce que no quieras eliminarla del todo. En fin, que hay objetos en mi mochila que no deseo eliminar y hay elementos de mi vida de los que no me quiero desprender, por nefastos que éstos sean, en ambos casos. Y luego te haces la típica pregunta.. ¿nefastos para quien?... y sigues admirando el puente donde te has plantado bajo la lluvia y haces fotos, siempre poniendo cara de foto, claro! y te preguntas a tí misma cuantas personas habrán pasado por ese puente y cuantas personas se habrán hecho los mismos planteamientos que tú al pasar por él.

Dejamos a Albanel en Melide, pues, quien se queda con nuestras mochilas, con lo cual se nos aligera el caminar. Aunque el paisaje, tal como digo, ha sido realmente digno de contemplar, la lluvia hace que los sos últimos km lleguen a hacerse eternos. Aunque siempre suele suceder así. Los últimos km siempre son los más duros, sea por el cansancio acumulado, sea por causas psicológicas desconocidas (o conocidas pero que en cualquier caso no deseo analizar ahora). Llegamos a Arzúa muy cansados. Albanel llegó hace un buen rato y nos guardó tres literas, aunque normalmente "no dejan". Cada palo, siempre, siempre, debe aguantar su vela. Y a cada peregrino que llega le adjudican su propia litera. Pero no le fue difícil a Albanel colocar una mochila, un jersey o un saco de dormir encima de cada litera y "aguantar" hasta que llegamos los demás. De nuevo una ducha tonificante y una deliciosa comida nos devuelve a este mundo. Un descanso en la litera, un paseo por el pueblo, conversación muy agradable, algo de lectura, embobarse un rato sin hacer nada y el cansancio que nos vuelve a vencer. El sueño nos invade pronto, pues ¡los roncadores no tardan en dejarse oír!... y mis pies... bueno... mis pies... mañana sigo.
19 d’abril de 2003

Palas de Rey- Arzúa.

Vint – i- vuit quilòmetres que hem fet sota la pluja. Ja m’hi estic acostumant. Hi ha un moment en què la meva ment recula fins a la primera etapa, a Roncesvalles. La nit anterior havia plogut i quan vaig començar a caminar en direcció a Larrasoaña vaig pensar que això no era per mi. El camí ple de fang que s’enganxava a les botes, la pluja que ens va acompanyar durant els darrers cinc quilòmetres, les pedres que se’m clavaven, el meu mal humor creixent, allà em vaig adonar del poc soferta que sóc. Va ser llavors quan vaig començar a pensar en totes les coses que m’ha anat presentant el destí, fou en aquell moment que vaig començar a fer un paral·lelisme amb la meva vida, quan em vaig adonar que trepitjar fang, clavar-se les pedres, mullar-se, caminar amb pes al damunt, tot allò m’estava indicant que jo sóc un ser viu, capaç de notar aquestes sensacions, les agradables tant com les desagradables, va ser llavors quan aquell camí va començar a adquirir un to diferent i va ser llavors quan vaig decidir que volia arribar al final, no pas per motius religiosos, però potser si per algun motiu que s’escapava a la meva percepció i que mai he tingut clar. Vaig obrir els ulls perquè m’inundés tota la bellesa del paisatge i vaig decidir que valia la pena continuar. També fou llavors que vaig decidir obrir-me una mica als altres caminants als què fins aleshores havia mirat mig emmurriada i quan vaig començar a obrir la meva ment a meditar i pensar en les etapes a les quals, pel que fos, preferia caminar sola amb els meus pensaments. Però tornem al moment actual.
A l’etapa “d’avui”. Qui més qui menys va arrossegant la seva pròpia creu. A mi em van començar a sortir altra vegada els puntets que ja conec, puntets impossibles de diagnosticar per qualsevol tipus de metge – fins i tot me’ls va veure en Manolo, que és oftalmòleg- però crec que encara ningú sap quin complicat mecanisme es posa en marxa al meu organisme cada vegada que surto a caminar per uns quants dies seguits... no serà psicosomàtic?... però de moment encara aguanto bé. A més, sé que aquesta vegada vull arribar a Santiago. Sé que li he espatllat el camí a en Joan Salvador unes quantes vegades, per culpa dels peus i tinc clar que vull arribar a Santiago, encara que sigui arrossegant. La Beni està com un cascavell, camina lleugera i sense problemes. Internament l’envejo. Li dic i riu, no em creu. La meva enveja és molt sana, però. En Joan Salvador està igual. Sembla que porten ales als peus. L’Àlvaro no diu res, però va coix. La Beni li ho fa notar un parell de cops, fins que ens confessa que les butllofes dels seus peus l’estan martiritzant. A Palas de Rey, la tarda anterior, vam estar observant les seves butllofes i intentant curar-li. Bé, jo els mirava amb una curiositat de quiròfan. Arribant a Melide, a quinze quilòmetres del final d’avui, l’Àlvaro agafa un taxi perquè és evident que, de continuar així, no arribarà a Santiago.
El camí és preciós. Creuem un pont medieval “Ponte velho”, per sort per mi, que ja no porto el misticisme del principi, més que res perquè ja estic tipa de pluja. El pont medieval m’ajuda. Xerrem, miro el paisatge, intento desviar pensaments negatius, però, com dic, aquella espècie de subtilitat que em va envair favorablement a Larrasoaña ha desaparegut, ha estat canviada per una altra, radicalment diferent. De nou torno a comparar el camí amb la vida. La infància sol ser feliç. Hom es pensa que el millor del món és a les seves mans. Creus que els pares que t’han tocat són els millors del món, que la família sencera, els amics, tot allò que t’envolta és meravellós fins que un bon dia obres els ulls i t’adones que no és així. Per sort, sempre queda el vincle amorós. L’amor filial, l’amor patern, l’amor matern, l’amor a la pròpia família, que et fa seguir junt amb aquestes persones que han estat les teves companyes de viatge fins al teu descobriment.
Descobreixes que no tot és com t’havies imagina, però decideixes, finalment, continuar caminant... i continuar estimant. És allà, al Ponte Velho, justament, on em planto i decideixo, per segona vegada des de Larrasoaña, que qualsevol classe d’eventualitat, sigui agradable o desagradable, serà benvinguda i que continuaré mentre pugui. Reconec que el pes de la meva motxilla no ha augmentat, que m’estan ajudant a portar la càrrega, però encara que no hagi augmentat, diguem que ha canviat. Diguem que un tipus de pes ha estat substituït per un altre tipus de pes. Però sempre hi ha un pes al qual fer referència, sempre hi ha una càrrega que caldria eliminar. El pitjor és que a nivell conscient, aquesta càrrega pot ser tan dolça que no la vulguis eliminar del tot. En fi, que hi ha objectes a la meva motxilla que no desitjo eliminar i hi ha elements de la meva vida dels quals no em vull desprendre, per molt nefasts que siguin, en ambdós casos. I llavors també et fas la típica pregunta... nefastos per a qui? I continues admirant el pont on t’has palplantat sota la pluja i penses en quantes persones abans que tu es deuen haver fet els mateixos plantejaments quan hi han passat.
Deixem l’Álvaro a Melide, doncs. Es queda amb les nostres motxilles, amb la qual cosa se’ns alleuja el caminar. Encara que el paisatge, tal com dic, ha estat realment digne de contemplar, la pluja fa que els darrers quilòmetres acabin fent-se eterns, encara que sempre sol ser així. Els últims quilòmetres sempre són els més durs, ja sigui pel cansament acumulat, ja sigui per causes psicològiques desconegudes o conegudes, però que en qualsevol cas no desitjo analitzar ara.
Arribem a Arzua molt cansats. L’Álvaro ha arribat fa una bona estona i ens ha guardat tres lliteres, encara que normalment això no es pot fer. Cadascú ha de guardar la seva pròpia. Però a l’Álvaro no li va ser difícil col·locar una motxilla, un jersei o un sac de dormir damunt de cada llitera i aguantar fins que arribéssim els altres. De nou una dutxa tonificant i un deliciós dinar ens torna a aquest món. Un descans, un passeig pel poble, conversa molt agradable, una mica de lectura, embadalir-se una estona sense fer res i el cansament que ens torna a vèncer. El son ens envaeix ben aviat.

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