L'altre blog de l'Arare

viernes, enero 05, 2007

FRÓMISTA-CARRION DE LOS CONDES-BLANES

Frómista-Carrión de los Condes
19-10-2000

A las 8 de la mañana, cuando salimos del albergue, nos dirigimos directamente al ambulatorio. Allí la doctora que me recibe, nada más verme los pies y las piernas me dice que aquéllo no es una alergia. Es lo que en términos médicos se denomina una "vasculitis", es decir una rotura de capilares, según dice, producido por un sobreesfuerzo y por un exceso de peso. Me dice que debo dejar de andar y que haga reposo (juas)... Los casi 20 km que nos separan de Carrión de los Condes se me antojan como un calvario, pero ella me prohíbe tajantemente que los camine.

- Toma el autobús y en cuanto puedas, descansa con las piernas en alto. Cuando llegues a tu casa, habla con tu médico de cabecera. No te receto nada porque es sólo cuestión de reposo y ver luego el por qué te ha sucedido esto.

-Vale.

JS continuá solo, caminando además bajo la lluvia, mientras yo me quedo en el albergue hasta que "me echan". Todos los albergues cierran sobre las 9 de la mañana, puesto que hay que hacer la limpieza correspondiente, así que cojo mi mochila y me dirijo al único bar que hay abierto, justo enfrente de la parada del bus. La gente me mira raro ya que voy equipada como una montañera/caminante total, pero con un detalle que realmente llama la atención: las chanclas que utilizo normalmente para la ducha.

Después de un café con leche y de intentar evitar las miradas "raras", por fin, tomo el bus hacia Carrión. Allí me dirijo al refugio, pero aún está cerrado. Margarita, la hospitalera, muy amablemente, me dice que tengo que volver allí sobre las 12, que será cuando se haya terminado la limpieza y que, mientras, puedo esperar en el bar "España", que desde allí podré ver pasar a los caminantes, que tienen que pasar obligatoriamente por delante. No, no creo que Margarita tenga comisión.

Llueve. De forma indirecta pienso que igual he "creado" esa vasculitis para poder escaquearme de andar bajo la lluvia... pero luego pienso "vaya bobada". Es en el bar España donde leo el libro (bueno, me lo leo casi entero) que llevaba para hacer el trabajo de la universidad. Tengo tiempo de eso y de hacer balance de muchas cosas, aunque rehúyo meterme en balances que puedan llegar a ser nocivos para mí, en el sentido de que... bueno, hacer un examen de conciencia en un bar de Carrión de los Condes, me parece una tarea un poco inútil.

De todas maneras, hay muchas cosas en mi vida que tengo que cambiar, me guste o no. Y es curioso: en mi otro fin de etapa, la otra vez, en Nájera, ya llegué a esta misma conclusión: la mochila pesa demasiado-la vida pesa demasiado. Un paralelismo que hizo que, en los 5 meses que han transcurrido desde la otra vez, realmente "he cambiado" cosas que me estaban afectando enormemente.

Esta vez, parece que el peso sigue siendo demasiado para soportarlo en el camino (mis pies se resienten, mis piernas no lo resisten, lo cual quiere decir que aún llevo demasiados potingues, demasiada ropa superflua) ¿Y en mi vida? ¿Qué es lo que debo cambiar ahora en mi vida? No tengo ganas de cambiar nada más. Lo que yo creo que debería eliminar, ya está eliminado... quizá se me abran los ojos cuando llegue... no sé... veremos.

Después de tres horas y media en ese bar, siendo observada por todo el pueblo, que ha ido desfilando por allí (nadie me dice nada, pero todos me miran con curiosidad. No llevo mochila, pues Margarita me la guarda, pero lo de las chanclas resulta un tanto pintoresco)... Tomo dos cafés con leche, me fumo un cigarrillo extra que no tocaba, leo, pienso, escribo, esta vez no lloro, estoy resignada y sé que mañana volveré a casa, dejando a Christianne, a Roger, a Óscar, a Judith, a Agustín y a James, que son los que últimamente hemos frecuentado. Las dos brasileñas que quedan son puramente anecdóticas y voy a olvidarlas rápidamente.

Mi vista va dirigiéndose periódicamente hacia la ventana por la que se supone que debo ver a los caminantes. Veo a uno, con el cual jamás he hablado, pero pasa de largo.
Por fin, tras esa larga espera, aparecen los franceses, Oscar y JS. Les recibo en la calle, bajo la fina lluvia, y tras un abrazo, recojo mis bártulos del bar, agradezco con una sonrisa al barman el hecho de no hacerme preguntas y de haberme dejado pasar la mañana allí y me voy con ellos hacia el refugio.

Carrión de los Condes

20-10-2000

Me encuentro en el bar España otra vez, como ayer, pero ahora ya esperando a Aleix, que nos vendrá a buscar (ha salido a las 5,30 de la mañana de Barcelona).

Ayer, en un momento dado, Margarita me pidió que hiciera de hospitalera mientra ella se iba a comer. En el poco rato que estuve allí sólo llegaron Judith y Agustín, a quienes estampé el sello del albergue, cobré las 300 ptas y les indiqué la litera que les correspondía. Nos reimos mucho, ya que se supone que sólo ellos dos tendrán, en toda la historia del Camino de Santiago desde sus comienzos, mi firma puesta en su credencial y eso, para mí, es todo un acontecimiento :)))

Fue en esa hora y media, que me di cuenta de que esto de esperar a los peregrinos que van llegando, alentarlos en su hazaña, mimarlos y cuidarlos si vienen muertos de cansancio (que es lo que suele ocurrir) tiene su "miga". Ahí, querido Many, es donde me di cuenta de que las personas que hacen este trabajo (si es que se le puede llamar trabajo, porque la mayoría son voluntarios) pueden ver aumentada su autoestima, en cuanto asumen que están ayudando, prestando un servicio a unas personas que en ese momento lo necesitan... no sé explicarme mejor. Pienso que a veces las personas necesitamos sentir que alguien "depende" de nosotros, necesitamos salirnos de la rutina diaria y normal, para saber que "somos buenos para alguien", tomando la palabra buenos no en el sentido del bien y el mal, sino... ¿como lo diría? en un sentido global... ufff, creo que no me explico demasiado, pero no importa.

Mi "experiencia" como hospitalera fue una pura anécdota, pero me recordó mucho los tiempos de mi juventud (allá por el Pleistoceno) cuando, de forma totalmente voluntaria y sin haber hecho cursos y cursillos, es decir, de una forma inocente (y quizá un tanto suicida, por lo que tenía de peligroso en determinados momentos. No pasó nunca nada porque los dioses me debieron proteger) estuve haciendo de monitora de niños y niñas en mi parroquia (no sólo sin cobrar, sino además pagando igual que los niños cuando nos íbamos de Colonias)... recuerdo un año en Calafell, que nos llevamos 150 niños a la playa y de los 5 o 6 monitores/as más el cura, sólo había una persona que sabía nadar: YO. Uffffffff (ahora no lo haría, forasteros!) Inconsciencia? quizá :)))

Pero volvamos al camino.

Ayer visitamos el pueblo (no es una maravilla y lo siento por si alguien es de Carrión) pero tampoco está mal. Lo que nos deja obnubilados es la forma como la gente suele vivir en estos pequeños pueblos: sin estrés, sin prisas, tomándose la vida como algo que está ahí (bueno, eso es aparente, faltaría hablar con la gente para saber si todo eso es cierto), en una sola palabra "viviendo".

El cura de la parroquia es el hermano de Margarita, la hospitalera. En la iglesia hay un órgano que se ve que hacía años que no se tocaba. Óscar es organista, aparte de maestro de escuela, como os comenté. Bueno pues ayer tuvimos el enorme placer de oir a Óscar tocar el órgano de esa iglesia, con lágrimas en los ojos por la emoción que le embargaba.
Imaginaos una iglesia (creo que entre el románico y el gótico pero muy remodelada y reconstruida) con sólo la luz suficiente para crear un ambiente... recogido.
Imaginaos esa iglesia totalmente vacía con sólo 8 personas (el cura, Óscar, Christianne, Roger, JS, Agustín, Judith y yo). Imaginaos que empieza a sonar Bach interpretado en exclusiva para nosotros... uffff, fueron 15 minutos, puesto que tenían que empezar el rosario y no había más tiempo, pero esos 15 minutos fueron algo que recordaré siempre. Para nosotros fue un regalo de despedida...

Me queda hablaros del artista. Yves Alain. Un nombre que yo recordaba a través de la siguiente composición de lugar: Yves-Saint-Laurent/AlainDelon ;)
Yves es un suizo más o menos de mi edad (muy interesante, por cierto) que salió de su casa en Suiza el día 1 de agosto y que pensaba/piensa estar 100 días para recorrer todo el camino, desde la puerta de su casa hasta Finisterre, pasando por Santiago, naturalmente.
Su misión (la misión que se ha fijado) es hacer una obra de arte cada día. Si: en el camino. De pronto le veías caminando y de pronto le veías que se paraba porque quizá le había llegado la inspiración. Si el material que encontraba ese día era barro, hacía una escultura. Si lo que le llamaba la atención eran las cañas o las hierbas o las flores, los frutos.... cualquier cosa que se iba encontrando, entonces utilizaba esos materiales para hacer lo que le dictaba su corazón (o su mente, o sus musas)... Sus obras eran/son, por lo tanto, efímeras. Podía venir un perro detrás y destruir todo lo que había hecho Yves, pero no le importaba.
Al llegar a Finisterre, habrá hecho 100 "cosas", las habrá fotografiado y las expondrá en una página web, de la cual os daré información cuando él me la dé a mi (supongo que hacia diciembre) y también saldrá en formato libro (de imágenes, con comentarios en francés e inglés). Este hombre es artista, pero es también terapeuta: trabaja con drogadictos y parece ser que la finalidad de este proyecto es que el dinero que se obtenga, vaya íntegro para ayudar a esos grupos de marginados... Interesante, no?
Yves está casado y tiene 3 hijas de edades similares a nuestros hijos, por lo cual resultó muy fácil la comunicación entre nosotros :) ... lo que no te encuentres en el camino...

Carrión de los Condes-Blanes
20-10-2000

Sobre las 11,30 llegó Aleix. Después de zamparse un enorme bocata y una cocacola, me despido del barman, que no me ha hecho ni una sola pregunta. Soy yo misma quien le digo: nos veremos por Semana Santa, pues pensamos reanudar el camino desde aquí. Muchas gracias por haberme dejado estar tantas horas en su establecimiento. Me respondió que algo así se suponía, pero que al verme escribiendo y leyendo pensó que igual escribía un libro o algo parecido :)))

Ayer noche hicimos la cena de despedida. Yves pasó de largo de Carrión. Así que nuestra última conversación habría sido la que sostuvimos con él en Frómista. Las 2 brasileñas que quedaban, se habían ido a otro albergue, el que regentan unas monjas, uno que es privado y parece ser que está muy bien, también. Así que en la mesa estábamos Christianne, Roger, Oscar, James, Judith, Agustín, JS y yo. Había un deje de emoción en todos, puesto que sin poder llegar a decir que éramos amigos, sí podíamos decir que había una cierta compenetración entre nosotros (excepto con James, a quien casi nadie entendía, pues sólo hablaba australiano. No, no, no: no nos confundamos. Aquello no era inglés. Era australiano-raro.) Un hombre, James, que se parece enormemente a Santa Claus, sólo tienes que imaginártelo vestido así, para que lo "veas". Lo que me gustó más de él fue una de las pocas cosas que le entendí: "las mujeres son más inteligentes que los hombres". Esta frase le logró la amistad de TODAS las mujeres del grupo, no sólo del nuestro -creo que es más listo de lo que parece ;)-
Total, lo de siempre: fotos, miradas lánguidas, Christianne me abrazó y me dijo cosas enternecedoras, también Oscar... en fin, para que os cuento?

Aquí, en el bar España de Carrión de los Condes, constato que yo jamás habría dicho que Roger fuera un militar (un general, dios santo), me puedo imaginar a Christianne, siguiéndole durante toda su vida, con sus 4 hijos detrás, durante 40 años, cambiando de domicilio cada X años... ufff, una vida dura, la de ella.Y el camino transformaba a Roger en un hombre como todos... la mayoría pacifistas y que no creemos en las guerras y todo eso... tremendo!
El camino desenmascara. Junta a las personas porque las iguala. ¿Será éste el espíritu del camino? Filosofía barata, pero en definitiva, cosas que hacen pensar.

No tengo nada más en mi diario "de a bordo".
Llegó Aleix, como decía, desayunó, nos despedimos y emprendimos regreso a casa.
Y bien, a partir de aquí... ya sabeis: algunas pérdidas (no sólo en el sentido de la salud física), algunas ganancias (no en bienes materiales), la rutina que nos envuelve, mi mar de todos los días y de todas las noches, mi playa, mi cielo... y unas ganas enormes, enormes, de llegar algún día a Santiago y de ir más allá, a Finisterre y... quizá, no lo sé, empezar esa nueva vida que dicen algunos que comporta eso de "llegar"...
19 d’octubre de 2000

Frómista- Carrión de los Condes.

A les vuit del matí, quan sortim de l’alberg, ens dirigim directament a l’ambulatori. Allà la doctora que em rep, només de veure’m els peus i les cames ja em diu que allò no és una al·lèrgia. És allò que en termes mèdics es denomina “vasculitis”, és a dir, un trencament de capil·lars, segons diu, produït per un sobre esforç i per un excés de pes, el pes de la motxilla. Em diu que he de deixar de caminar i que faci repòs (com si això fos tan fàcil en aquells moments). Els quasi vint quilòmetres que ens separen de Carrión de los Condes se m’apareixen com un calvari, però ella em prohibeix totalment que els camini.

- Agafa l’autobús i així que puguis descansa amb les cames amunt. Quan arribis a casa teva parla amb el teu metge de capçalera. No et recepto res perquè només és qüestió de repòs i de veure després per què t’ha passat això.

En Joan Salvador continua sol, caminant sota la pluja, mentre jo em quedo a l’alberg fins que em fan fora. Tots els albergs tanquen a les nou del matí, ja que s’ha de fer la neteja corresponent, així que agafo la meva motxilla i em dirigeixo a l’únic bar que hi ha obert, just davant la parada del bus. La gent em mira amb estranyesa ja que vaig equipada com una caminant, excepte un detall: les sabatilles de dutxa. Després del cafè amb llet i d’intentar passar desapercebuda, finalment agafo l’autobús cap a Carrión. Un cop hi arribo em dirigeixo al refugi, però està tancat. Margarita, l’hospitalera, molt amablement, em diu que no hi puc tornar fins a les dotze del migdia, que serà quan s’hagi acabat la neteja i que, mentrestant, puc esperar-me al bar “España”, que des d’allà podré veure passar els caminants, que han de passar obligatòriament per davant. No crec que la Margarita tingui comissió. Plou. De forma indirecta penso que potser he “creat” aquesta vasculitis per no haver de caminar sota la pluja, però després penso que això és una bajanada. Al bar España és on llegeixo el llibre que m’ha acompanyat durant tot el camí i que fins aleshores no ha tingut èxit. Me’l llegeixo quasi sencer. Tinc temps per això i per fer balanç de moltes coses, encara que fujo de segons quins balanços que intueixo que podrien arribar a ser nocius per mi, en el sentit que això de fer examen de consciència en un bar no m’acaba de cridar l’atenció i em sembla una mica inútil. Prefereixo fer-ho mentre camino. De tota manera arribo a la conclusió que a la meva vida hi ha moltes coses que he de canviar, m’agradi o no. I és curiós: en el meu altre final d’etapa, l’altra vegada, a Nájera, ja havia arribat a aquesta mateixa conclusió: la motxilla pesa massa – la vida pesa massa. Un paral·lelisme que ha fet que, en els cinc mesos que han transcorregut des de l’altra vegada, realment jo canviï coses que m’estaven afectant enormement, sobre tot coses que tenien a veure amb la feina. Aquesta vegada sembla que el pes físic continua essent massa per suportar-lo al camí. Els meus peus se’n ressenten, les meves cames no ho resisteixen, la qual cosa vol dir que encara porto massa potingues, massa roba supèrflua.

I a la meva vida? Què és allò que he de canviar ara a la meva vida? No tinc ganes de canviar res més. Tot allò que jo pensava que havia d’eliminar, ja ho he fet. Potser se m’obrin els ulls quan arribi. No ho sé. Ja ho veurem. Després de tres hores i mitja en aquell bar, sent observada per tot el poble, que ha anat desfilant per allà, tot i que ningú em diu res, després de prendre dos cafès amb llet, fumar-me un cigarret extra que no tocava, llegir, pensar, escriure, després de tot, aquesta vegada, per sort, sense plorar, penso que demà arribaré a casa, deixant la Christianne, en Roger, l’Óscar, la Judith i l’Agustí, en James, que és el darrer personatge que ha aparegut.

La meva vista es va dirigint periòdicament cap a la finestra per la qual es suposa que he de veure els caminants. En veig un però passa de llarg. Després de la llarga espera, apareixen els francesos, l’Óscar i en Joan Salvador. Els rebo al carrer, sota la pluja fina i, després d’una abraçada, recullo les meves andròmines del bar, agraeixo amb un somriure al bàrman que no m’hagi fet cap pregunta i que m’hagi – d’alguna manera - deixat romandre tot el matí al seu bar i me’n vaig amb ells cap al refugi.



20 d’octubre de 2000

Em trobo al bar España, altra vegada, com ahir, però aquesta vegada ja estem esperant que l’Aleix, el nostre fill, ens vingui a buscar. Ha sortit a les 5 del matí de Barcelona i calculem que cap a dos quarts d’una pot arribar. Ahir, en un moment donat, la Margarita, l’hospitalera, em va demanar que jo mateixa fes d’hospitalera mentre ella se n’anava a dinar. En la poca estona que jo vaig estar allà només van arribar dos pelegrins: l’Agustí i la Judith. Només ells, en tota la història del Camí de Santiago pels segles dels segles, tindran la meva signatura a la seva credencial i només a elles els hauré assignat la seva llitera. Vam riure molt. Tot un esdeveniment per mi. Va ser en aquesta hora i mitja en què vaig substituir la Margarita, que em vaig adonar que això d’esperar l’arribada dels pelegrins que van arribant, donar-los ànim en la seva gesta, mimar-los i tenir-ne cura si venen morts de cansament és important. És en aquell moment que me’n vaig adonar que les persones que fan aquesta feina, si és que se li pot dir feina, ja que la majoria són voluntaris, poden veure augmentada la seva autoestima, en tant en quant assumeixen que estan ajudant, prestant un servei a unes persones que en aquest moment els necessiten. No sé explicar-me millor. Penso que de vegades les persones hem de sentir que algú “depèn” de nosaltres, necessitem sortir de la rutina diària i normal per saber que som bons per algú, agafant la paraula “bons” no pas amb el sentit del bé i del mal sinó com ho diria? en un sentit global. Em sembla que no m’explico prou bé, però no hi fa res.

La meva experiència com a hospitalera és una pura anècdota, però em recorda molt els temps de la meva joventut quan, de forma totalment voluntària i sense haver fet cursos ni cursets, és a dir, d’una forma totalment innocent i potser un tant suïcida pel que tenia de perillós en determinats moments, que no va passar res perquè els déus em devien protegir, vaig estar fent de monitora per a nens i nenes de la meva parròquia, no solament sense cobrar sinó que a més, pagava el mateix que els nens quan marxàvem de Colònies. Recordo un any a Calafell, que ens vam emportar cent cinquanta nens i nenes a la platja i dels cinc o sis monitors més el rector, la única persona que sabia nedar era jo. Déu meu, quina inconsciència. Ara no ho faria!.

Però tornem al camí. Ahir vam visitar el poble. No és pas una meravella però no està gens malament. El que ens deixa totalment astorats és la forma com la gent sol viure en aquests petits pobles: sense estrès, sense presses, prenent la vida com alguna cosa que és allà, tot i que això potser és aparent i caldria parlar amb la gent per veure si és cert o només és una pel·lícula que nosaltres ens muntem. De tota manera, aquella gent s’agafa la vida d’una altra manera i això ens fa pensar. El rector de la parròquia és el germà de l’hospitalera. A l’església hi ha un orgue que es veu que feia anys que no es tocava. L’Óscar és organista, apart de mestre d’escola, com ja he comentat. Bé, doncs ahir vam tenir l’enorme plaer de sentir l’Óscar tocant l’orgue d’aquesta església, amb llàgrimes als ulls per l’emoció que l’embargava.

Imagineu-vos una església entre el romànic i el gòtic, però molt remodelada i reconstruïda, amb la llum suficient per crear un ambient recollit. Imagineu-vos aquesta església totalment buida amb només vuit persones: el rector, l’Óscar, la Christianne, en Roger, l’Agustí, la Judith, en Joan Salvador i jo. Imagineu que comença a sonar Bach interpretat en exclusiva per nosaltres... van ser quinze minuts, donat que havia de començar el rosari i no hi havia més temps, però aquests quinze minuts van ser alguna cosa que recordaré sempre. Per nosaltres va ser un regal d’acomiadament. I em queda parlar de l’artista: Yves Alain, L’Yves és un suís més o menys de la meva edat, un tipus molt interessant, per cert, que va sortir de casa seva a Suïssa el dia 1 d’agost i que pensa estar cent dies per recórrer tot el camí, des de la porta de casa seva fins a Finisterre, passant per Santiago, naturalment. La seva missió, la missió que s’ha fixat, és fer una obra d’art cada dia. Al mig del camí. De cop i volta el veus que para de caminar i li arriba la inspiració. Si el material que troba aquell dia és fang, per exemple, doncs fa una escultura. Si el que l’inspira són les canyes o les herbes, o les flors, o algun tipus de fruits, qualsevol material que es va trobant, l’utilitza per fer el que li dicta el cor, o la seva ment, o les seves muses. Les seves obres són efímeres. Pot venir un gos al darrere i destruir el que l’Yves Allan acaba de fer, però això a ell no li importa. En arribar a Finisterre haurà fet cent “coses”, cent obres d’art, per efímeres que siguin. Les haurà fotografiat i les exposarà en una pàgina web. També ha de sortir en format llibre d’imatges, amb comentaris en francès i en anglès. Aquest home és artista, però també és terapeuta: treballa amb drogaaddictes i sembla que la finalitat d’aquest projecte és que els diners que n’obtingui, del llibre, vagin íntegrament a ajudar aquests grups de marginats. Interessant. L’Yves està casat i té tres filles d’edats similars a les dels nostres fills, per la qual cosa la comunicació entre nosaltres resulta molt fàcil, tot i haver d’entendre’ns en francès.
Quan faig aquest recull ignoro si l’Yves Allan va poder fer el llibre i la pàgina web, doncs l’he buscat per la xarxa i no he estat capaç de trobar-la.

Carrión de los Condes - Blanes
Quan ens preparàvem per aquesta etapa ja havíem convingut amb el nostre fill Aleix que ens vindria a buscar allà on acabéssim. El dia anterior el vam trucar, doncs, i el noi es va llevar a les quatre o quarts de cinc de la matinada per conduir tota la nit i arribar a Carrión a buscar-nos. Amb en Joan Salvador, de vegades, pensem que tenim uns fills que no ens els acabem de merèixer. L’Aleix arriba sobre dos quarts de dotze. Fa molta més via de la que pensàvem. Després de cruspir-se un enorme entrepà i una coca cola, marxem, per fi. Jo m’acomiado del bàrman, que no m’ha fet ni una sola pregunta. Jo mateixa sóc qui li dic:

- Ens veurem per Setmana Santa, ja que pensem reprendre el camí des d’aquí. Moltes gràcies per haver-me deixat romandre tantes hores en el seu establiment- Em respon que ja es va suposar una cosa així, però que en veure’m escrivint i llegint va pensar que estava escrivint un llibre o alguna cosa semblant. (Alguna cosa semblant!)
Ahir a la nit vam fer el darrer sopar d’acomiadament. L’Yves Allan va passar de llarg de Carrión, així doncs, l’ última conversa que vam tenir amb ell va ser la que havíem mantingut a Frómista. Les dues brasileres que quedaven, van dormir en un altre alberg, un que regenten unes monges, que és privat i que diuen que també està molt bé. Per tant, a la taula d’aquest darrer sopar hi havia la Christianne, el Roger, l’Óscar, la Judith, l’Agustí, en James, en Joan Salvador i jo. Sense arribar a poder dir que érem amics, si que podíem dir que hi havia una certa compenetració entre nosaltres, excepte amb el James, a qui gairebé ningú no entenia, ja que només parlava australià. No, no ens confonguem, allò no era anglès. Era un idioma estrany que costava d’identificar com a anglès. Un home, en James, que s’assembla enormement a Santa Claus. Només te l’has d’imaginar amb el vestit típic perquè “el vegis”. El que més em va agradar d’ell fou la seva filosofia, l’única que vaig entendre de tot el que va dir:

- Les dones són més intel·ligents que els homes - Aquesta frase li va aconseguir l’amistat de totes les dones. Magistral!. No perquè jo hi estigui d’acord, perquè sé que hi ha homes intel·ligents, dones intel·ligents i homes i dones que no ho són. No em serveixen els tòpics, a mi, encara que em pugui riure dels tòpics quan convingui perquè el bon humor forma part de la meva vida. Crec que en James és més llest del que ell mateix vol donar a entendre.

Finalment, el de sempre: fotos, mirades de complicitat, abraçades... la Christianne em va abraçar i em va dir coses que em van entendrir. També l’Óscar. En fi, no podria dir res més. En aquests moments en què faig la transcripció estic revivint cadascun dels moments i aquest és un dels més tendres. Aquí, al Bar España de Carrión de los Condes, constato que jo mai no m’hauria pensat que Roger fos militar (un general, Déu del cel), em puc imaginar la Christianne, seguint-lo durant tota la seva vida, amb els seus quatre fills al darrere, durant quaranta anys, canviant de domicili cada vegada que ell havia de canviar de destí. Una vida dura, la d’ella. I el camí transforma en Roger en un home com tots, la majoria pacifistes i que no creiem en guerres ni violència. El camí desemmascara. Ajunta les persones perquè les iguala. Podria ser aquest, l’esperit del camí? Filosofia barata, però en definitiva, coses que ens fan pensar. No tinc res més al meu quadern de bitàcola. Arriba l’Aleix, esmorza, ens acomiadem i emprenem el camí de tornada. A partir d’aquí, algunes pèrdues, no solament en el sentit de la salut física, alguns guanys, no pas en béns materials, la rutina que ens envolta, el meu mar de cada dia i de cada nit, la meva platja, el meu cel i unes ganes enormes d’arribar algun dia a Santiago i d’anar més enllà, fins a Finisterre. I potser, no ho sé, començar aquella nova vida que diuen alguns que comporta això d’arribar.

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